En los últimos 40 años, los sistemas agropecuarios de Uruguay han vivido un proceso de transformación significativo. Por un lado, la superficie productiva se incrementó un 50%, pasando de 3 a 4.9 millones de hectáreas (Mapbiomas 2024). Este incremento, en general en detrimento del área cubierta por pastizales naturales, se explica principalmente por la superficie destinada a cultivos agrícolas anuales, que se incrementó alrededor de un 100%. Este aumento brusco ocurrió a principios del siglo XXI y se mantuvo relativamente estable. Las pasturas artificiales, por el contrario, mostraron una fuerte contracción y luego aumentaron su área, posiblemente por el impulso generado por la Ley de planes de manejo; aún así, hoy se estima una reducción en torno al 10%.
Una de las grandes líneas de investigación de nuestro proyecto, realizada por el Dr. Pablo Baldassini, ha sido caracterizar las rotaciones agrícola-ganaderas a partir de imágenes satelitales. Durante la investigación, definimos sistemas productivos en base a la frecuencia de usos y la duración de los ciclos de uso para dos grandes periodos, 1985-2003 y 2004-2022. Los sistemas productivos definidos incluyeron:
agricultura continua (frecuencia de agricultura mayor al 80%),
sistemas agrícola-ganaderos de ciclo corto (frecuencia de agricultura y pastura mayor al 30% e inferior al 80% y duración de los ciclos de pastura menor o igual a 3 años),
sistemas agrícola-ganaderos de ciclo largo (frecuencia de agricultura y pastura mayor al 30% e inferior al 80% y duración de los ciclos de pastura mayor a 3 años),
sistemas ganadero-agrícolas de ciclo corto (frecuencia de agricultura menor al 30% y frecuencia de pastura mayor al 30% en el periodo y duración de los ciclos de pastura menor o igual a 3 años),
sistemas ganadero-agrícolas de ciclo largo (frecuencia de agricultura menor al 30% y frecuencia de pastura mayor al 30% y duración de los ciclos de pastura mayor a 3 años)
sistemas dominados por campo natural (frecuencia de pastizal superior al 80%).
El análisis de transiciones temporales entre sistemas productivos de ambos periodos evidenció un importante proceso de agriculturización de los sistemas donde aumentó la frecuencia de cultivos agrícolas anuales y disminuyó tanto la frecuencia de pasturas como la duración de sus ciclos. Los pastizales naturales y los sistemas ganadero-agrícola de ciclo largo del periodo 1985-2003 fueron los sistemas que más superficie aportaron relativamente al área cubierta por otros sistemas productivos en el periodo 2004-2022, representando entre el 25 y el 50% de los cambios.
En el periodo 1985-2003, el sistema productivo predominante, luego de las áreas de campo natural, fue el sistema ganadero-agrícola de ciclo largo con alrededor de 2 millones de ha, mientras que el periodo 2004-2022 fue sistema agrícola-ganadero de ciclo corto con 1.6 millones de ha. Entre ambos periodos, los sistemas productivos que mayor incremento relativo tuvieron fueron la agricultura continua y los sistemas agrícola-ganaderos de ciclo corto, con un incremento de 51% y 81% de su superficie respectivamente.
Este proceso de agriculturización tuvo un importante efecto negativo en la oferta de servicios ecosistémicos (SE) de regulación y soporte. El Índice de Oferta de Servicios Ecosistémicos (IOSE), un indicador sinóptico de la oferta de diversos SE como regulación hídrica, secuestro de carbono y diversidad de aves, calculado a partir de dos métricas anuales derivadas de la curva estacional de un índice espectral de vegetación, mostró una reducción cercana al 25% para un máximo nivel de agriculturización. Asimismo, el nivel de agriculturización explicó alrededor del 42% de la variación del IOSE.
En conclusión, los datos obtenidos revelan que la expansión del 50% de la superficie productiva en Uruguay ha tenido un costo ambiental evidente. El tránsito desde sistemas ganaderos de ciclo largo hacia una agriculturización intensiva y de ciclos cortos no solo ha reconfigurado el paisaje, sino que ha provocado una caída del 25% en la oferta de servicios ecosistémicos esenciales como la regulación hídrica y el secuestro de carbono.
Estos hallazgos subrayan la necesidad de repensar nuestras estrategias de manejo para encontrar un equilibrio que permita mantener la productividad sin comprometer la resiliencia de los ecosistemas que sostienen la vida en el territorio.