En noviembre de 2025 realizamos el Seminario presencial Paisajes multifuncionales en agroecosistemas extensivos junto al Instituto de Transiciones Sostenibles de Sistemas Alimentarios (ITSSA) de la Universidad de la República (Udelar).
El evento fue el inicio formal del proyecto que lleva el mismo nombre, financiado por Fontagro, que durante cuatro años investigará, tanto en Uruguay como Argentina, la aplicación de principios ecológicos para mejorar la rentabilidad de los sistemas productivos. Además, fue una instancia para presentar los últimos avances de nuestro proyecto sobre Transiciones Productivas Sostenibles (TPS).
La aproximación de paisajes multifuncionales subraya un cambio de paradigma crucial en la visión del sector agropecuario, donde el aumento o sustitución de insumos ya no solo ha deajdo de ser rentable, sino que ha provocado una degradación ambiental que aumenta aún más el impacto negativo de las prácticas agrícolas.
El enfoque, aún novedoso en la región, requiere mirar más allá de la chacra o el lote para planificar los sistemas productivos en torno a la diversidad y la riqueza del paisaje A su vez, requiere aprovechar los recursos ambientales e integrar el tiempo y el espacio, rotando cultivos y considerando la infraestructura ecológica.
Lucas Garibaldi, coordinador general de ambos proyectos e integrante del ITSSA, presentó la jornada compartiendo las aproximaciones y objetivos que comparten los equipos involucrados y destacó a los paisajes multifuncionales como un abordaje concreto y basado en la evidencia para impulsar sistemas de producción alimentaria sostenibles.
Luego de presentar aspectos generales de los proyectos en curso, Lucas dio paso a Miguel Sierra, presidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria de Uruguay, quien enfatizó que el sistema actual, basado en el monocultivo y el uso intensivo de agroquímicos, ya está generando problemas serios, por ejemplo, la resistencia a malezas y tratamientos de salud animal como los garrapaticidas.
Destacó que la investigación debe ser el insumo central para las políticas públicas, y el valor de estos proyectos y equipos de trabajo es que están creando bases de datos compartidas para su uso por parte de tomadores de decisión. Esto requiere un trabajo multi institucional y multidisciplinar y romper con la «visión de puertas adentro», fomentando la sinergia entre la academia, el sector privado y los decisores políticos.
Luego de su introducción, Lucas Garibaldi expuso el enfoque de los proyectos citando resultados de grandes iniciativas de investigación previas que avalan el cambio de paradigma y las prácticas productivas planteadas.
Delineó la existencia de tres estrategias clave en la transición productiva sostenible: la eficiencia, el reemplazo y el rediseño. Y destacó que, si bien la mayoría de las innovaciones tecnológicas se centran en la eficiencia, por ejemplo, variando la metodología de fertilización, o en el reemplazo de insumos por bioinsumos, el rediseño de sistemas productivos basados en principios ecológicos es un camino promisorio que requiere mayor investigación y esfuerzo.
El rediseño de paisajes productivos implica pasar de tecnologías intensivas en insumos a tecnologías intensivas en conocimiento ecológico local, adaptando el sistema productivo a los ambientes específicos en lugar de replicar el mismo monocultivo a nivel global. Requiere, además, crear paisajes donde no existan solo lotes, una visión que en algunos casos tiene más de 200 años, sino ambientes con diversidad de rotaciones y zonas de restauración ambiental conectadas por corredores biológicos.
Y si hablamos de diseño de paisajes multifuncionales, hablamos de aplicar principios ecológicos en el diseño de paisaje y de gestionar el ambiente; que el manejo productivo se adapte a la altimetría, el tipo de suelo y la frecuencia de anegamiento de cada microzona; hablamos de considerar cómo se dispersan las malezas, a qué distancia, en qué dirección, cómo se mueven los insectos, los controladores biológicos y las aves. También a evaluar qué calidad de hábitat tienen que tener las restauraciones, cómo es la configuración de esas unidades en el espacio, el ancho, el largo, cuáles son los índices de conectividad que tienen los corredores, etcétera.
Por último, para que el rediseño tenga resultado, la evidencia científica ya viene señalando un porcentaje mínimo de hábitat natural necesario: hoy prácticamente hay consenso en que un 20-25% de restauración permite recuperar servicios ecosistémicos sin perder dinero en el proceso productivo. Esto está alineado con el marco global de Kunming-Montreal que busca restaurar el 30% de los ecosistemas degradados para 2030.
En base al monitoreo intensivo de biodiversidad en campos rediseñados, Lucas y sus equipos han obtenido resultados concluyentes sobre el impacto directo de la cercanía a la naturaleza en la productividad. Los datos reales de 500 campos en Argentina revelaron que aumentar el contacto con la naturaleza incrementa la productividad. Por ejemplo, al pasar de 20 metros a 100 metros de densidad de borde por hectárea, el rendimiento promedio del cultivo de girasol aumentó en un 24%.
Otro hallazgo impactante es que, paradójicamente, la tendencia de tener lotes cada vez más grandes resulta en una menor producción promedio, ya que este diseño simplificado genera problemas ecológicos como la falta de polinizadores o la resistencia de malezas.El gran desafío técnico es encontrar las combinaciones que generen una situación de ganar-ganar, para diseñar paisajes multifuncionales que aumenten la rentabilidad y la sostenibilidad al mismo tiempo.
Para optimizar el rediseño, en las investigaciones de los proyectos en curso se utilizan gemelos digitales, una combinación de modelos matemáticos que permite predecir el impacto de diferentes configuraciones de paisaje para optimizar el uso del espacio. Así se puede ver, por ejemplo, cómo la ubicación, el ancho o el largo de un corredor biológico impacta la biodiversidad y la producción simultáneamente. Al sumar datos de agricultura de precisión como el rendimiento de indiferencia, las empresas pueden identificar zonas donde están perdiendo dinero y restaurarlas. De esta forma, el rediseño no solo mejora la biodiversidad, sino que aumenta la rentabilidad de la empresa.
Dos de los hallazgos principales de los trabajos realizados son “el factor 200 metros” y la pronta restauración de la biodiversidad de polinizadores luego del rediseño.
Cuando las plantas se encuentran a más de 200 m de distancia del hábitat natural, los rendimientos de los cultivos comienzan a decaer significativamente. Por eso los 200 metros es una medida crucial a tener en cuenta en el rediseño de paisajes productivos. En lo que respecta a los polinizadores, en solo un año de restauración de un corredor biológico, se logró establecer una diversidad importante de abejas nativas como Xylocopa y Lictidae.
Otro ejemplo interesante surge de un estudio de caso con pasturas sembradas con diversidad de especies para polinizar cultivos de arándanos. Los resultados demostraron la necesidad de planificar a mediano plazo, ya que aunque la inversión inicial implicó una pérdida económica temporal, las prácticas se pagaron a sí mismas al cabo de 4 años. El rendimiento aumentó gradualmente: 5% en el segundo año, 20% en el tercero, y un 24% en el cuarto año, una vez que las poblaciones de polinizadores se establecieron por completo.
Al finalizar su exposición, Lucas remarcó que la sostenibilidad depende de la planificación intensiva en conocimiento ecológico. Su experiencia en Argentina está transformando la gestión por lote a una gestión por ambiente, buscando el mínimo de restauración del 20% de hábitat natural con un 10% adicional en corredores biológicos. Agregó que Uruguay presenta un escenario ventajoso para el rediseño porque mantiene una importante diversificación de paisajes.
Garibaldi culminó su presentación señalando que estos principios técnicos no se limitan a la escala de la finca, sino que se están aplicando a escala regional y de cuenca. Citó un proceso de rediseño que involucra a gobiernos, ONGs y 2 millones de personas en los bosques de Kakamega, Kenia, muy relevante para contextos como Uruguay.
El gran desafío para la transición sigue siendo la valorización de la mejora ambiental en el mercado. Mientras no existan subsidios o un valor agregado que reconozca estas prácticas, el foco debe ser asegurar que las empresas obtengan ganancias económicas a través de la sinergia entre productividad y naturaleza.
A continuación, Juan Manuel Piñeiro, investigador del Centro Universitario Regional Este de la Udelar, presentó el componente metodológico central del proyecto FPTA: la integración de grandes volúmenes de datos públicos y privados para construir modelos predictivos y explicativos del rendimiento agrícola en Uruguay.
El objetivo de su trabajo es cuantificar la influencia del paisaje y las adversidades en los cultivos sobre la productividad agrícola, utilizando como marco teórico el equilibrio de servicios ecosistémicos (provisión vs. regulación), tal como lo define el modelo de Foley (2005). Para esto está utilizando bases de datos de plataformas como el Sistema Integrado de Monitoreo Agrícola, SIMA, y las bases de datos públicas satélites Sentinel 2 y MAP Biomas. Esta combinación de datos ya le permitió generar modelos avanzados y predictivos, donde demostró que la clave es la combinación de variables.
En su investigación combinó datos de manejo como el uso de agroinsumos, plagas y adversidades (SIMA, que cubre el 10% del área agrícola uruguaya ) con más de 3 millones de observaciones de datos satelitales que funcionan como indicadores ambientales en el paisaje, como humedad, vegetación y porcentaje de área natural circundante.Los modelos explicativos confirmaron el hallazgo crucial: el porcentaje de área natural en el entorno impacta positivamente en el rendimiento agrícola.
Puntualmente, Juan Manuel desarrolló tres modelos de predicción de rendimiento de soja, analizando variables ambientales, de manejo y ambas al mismo tiempo. Los resultados mostraron que la combinación de variables es la que tiene mayor capacidad predictiva:
El análisis confirmó que el porcentaje de área natural en un radio de 2.000 metros alrededor del lote impacta positivamente en el rendimiento agrícola. Es decir, a mayor cantidad de hábitat natural en el entorno, mayor es la producción del lote, reforzando la sinergia de «ganar-ganar».
Cabe destacar que el aporte de Juan Manuel es fruto de las capacidades de análisis de big data instaladas en la Universidad de la República, una herramienta fundamental para transformar la información cualitativa de campo en conocimiento cuantitativo que pueda guiar el rediseño de paisajes multifuncionales. Sus resultados aportan evidencia científica para asegurar de que la conservación no es un costo, sino una variable de producción que debe ser gestionada.
Otra expositora destacada en el seminario fue la investigadora doctoral Paula Galansino, que presentó cómo utiliza datos reales de la aplicación SIMA en el Gran Chaco argentino para determinar si el diseño del paisaje y su historia de uso influyen en la presión de plagas. Analizó más de 1.330 registros de lotes de soja y utilizó dos indicadores de presión de plaga: la riqueza de especies plaga y la cantidad de aplicaciones de insecticidas.
Los resultados preliminares arrojaron tendencias claras y estadísticamente significativas que validan la necesidad del rediseño; por ejemplo, aumentar el hábitat natural y tener formas de lote más irregulares, tiene un efecto mitigador directo sobre los problemas fitosanitarios, lo cual se traduce en una menor dependencia de insumos químicos.
La investigadora señaló la importancia de seguir aislando factores que influyen en la decisión del productor de aplicar químicos, incluyendo la presión de plaga percibida, no siempre atada al umbral de daño. Sería interesante investigar estos factores desde disciplinas sociales como la psicología o la antropología para comprender mejor estos factores que inciden en la toma de decisiones.
Los próximos pasos de la investigación de Paula incluyen analizar la diversidad química de las aplicaciones de insecticidas y herbicidas, incorporar modelos de presencia/ausencia para especies de plagas específicas y replicar los modelos para analizar la presión de malezas y la cantidad de herbicidas utilizados.
Luego de un breve receso, la jornada continuó con la presentación de la investigadora Silvana Abatte de la Udelar, enfocada en la biodiversidad de artrópodos, que está disminuyendo de forma acelerada. Recordó que la biodiversidad es esencial para la vida en el planeta, y, mientras la imagen social suele asociar biodiversidad con grandes mamíferos, el 70% de las especies reportadas a nivel mundial son insectos, y el 85% artrópodos.
Existe consenso global sobre la gravedad que representa la pérdida de poblaciones de insectos, con tasas de extinción diarias que oscilan entre 35 y 200 especies. Las causas principales incluyen el cambio de hábitat, especialmente la homogeneización del paisaje por la intensificación agrícola, y el uso de agroquímicos. Recuperar y conservar la diversidad de artrópodos es una urgencia estratégica, ya que estos organismos actúan como controladores biológicos naturales de plagas que afectan a los cultivos. Además, contribuyen con la polinización y el reciclaje de nutrientes.
Las investigaciones de Silvana mostraron que las coberturas vegetales multifuncionales actúan como reservorios y proveedoras de enemigos naturales. Citó el ejemplo de la vegetación espontánea del bajo alambrado, donde es importante evitar la aplicación de insectiicidas, ya que alberga predadores como crisopas y arañas, sin aumentar el riesgo de plagas. Otra práctica que otorga beneficios claros es el uso de cultivos perennes como el tinopiro, un pasto doble propósito dentro de los lotes de soja que actúa como refugio de predadores; o cultivos de servicio, donde las mezclas diversas, por ej. avena-vicia, muestran un número mayor total de artrópodos, incluyendo predadores y parasitoides. Esto justifica su aporte ecológico incluso si no se cosecha grano.
Para finalizar, en consonancia con su línea de trabajo, Silvana afirmó que el rediseño del paisaje debe considerar tres dimensiones: composición, configuración y conectividad, adaptando las soluciones a las condiciones de cada especie y sitio, ya que el efecto del paisaje depende de la especie de plaga y el agroecosistema.
Santiago Arana presentó un caso de estudio real desde la empresa Ingleby Farms, enfocado en el rediseño de un sistema agrícola-ganadero para abordar el problema más urgente: la calidad del agua. La estrategia consiste en pasar de un manejo homogéneo a la creación de zonas especializadas en la toposecuencia de la cuenca, contemplando los distintos tipos de suelo.
Su experiencia demuestra que la intensificación actual, basada en utilizar los mismos insumos y tecnologías es insostenible, e incluso, está siendo activamente resistida por la propia naturaleza.
Las medidas de rediseño implementadas buscan generar infraestructura ecológica que interactúe con los cultivos y alternativas de manejo de insumos. Ejemplos concretos son la restauración de la vegetación arbórea y arbustiva en las vías de drenaje para regenerar la biodiversidad y crear propágulos y la exclusión del ganado con el alambrado de los cursos de agua y la instalación de aguadas artificiales para evitar que acceda al agua de las cañadas. Por último, el manejo de las zonas de campo natural con pastoreo rotativo para evitar el sobrepastoreo y fomentar el desarrollo de especies valiosas.
En paralelo, en Ingleby Farms establecieron una franja de campo natural excluida de pastoreo en la parte baja de la ladera, justo antes del arroyo, que actúa como filtro de escorrentía para capturar el fósforo (P) que se fuga de la zona agrícola. Esto funciona como zona de amortiguación. Además, el pasto de la zona se captura, se enfarda y se regresa a las áreas de cultivo para reciclar el P.
Santiago Dogglioti, de la Facultad de Agronomía, Udelar, y el ITSSA, profundizó en el concepto de paisajes multifuncionales, que obliga a reconocer que los agroecosistemas prestan servicios esenciales para la vida que van más allá de la producción de alimentos. Estos incluyen, por ejemplo:
Cuidando y potenciando los servicios ecosistémicos podemos mantener la productividad sin depender de insumos externos y valorar el trabajo de las/os agricultoras/es como gestoras/es de agroecosistemas.
A continuación Santiago presentó un experimento a largo plazo que están realizando desde la Facultad de Agronomía donde se comparan modelos productivos para cuantificar la eficacia de nuevas prácticas agrícolas. El objetivo central es crear un “Laboratorio vivo” que permita medir los efectos ecológicos y ambientales en un sistema productivo real, para garantizar que la investigación aborde preguntas pertinentes para los productores.
La metodología de los laboratorios vivos busca generar un impacto real y de largo plazo, lo que implica crear plataformas de coinnovación donde al menos cuatro actoras/es clave conviven, dialogan y construyen de forma iterativa: la academia, la sociedad civil, el sector privado y las/os tomadoras/es de decisión.
El seminario reafirmó el consenso sobre la necesidad de un cambio de enfoque radical en los sistemas productivos uruguayos, para pasar de la eficiencia basada en insumos a la intensificación ecológica basada en conocimiento y el rediseño del paisaje.
Los modelos predictivos y los estudios de campo presentados demuestran que:
El desafío es sistémico: el rediseño debe abordar problemas complejos como la calidad del agua y la crisis de la biodiversidad, sin dejar de lado las lógicas socioeconómicas que impulsan las decisiones de manejo de los productores.
El evento concluyó con la visión de que la intensificación ecológica y el rediseño del paisaje son un camino promisorio para lograr sistemas productivos resilientes, rentables y ambientalmente sustentables al mismo tiempo, incluso superando los límites del modelo agrícola actual.
En el marco del proyecto FPTA, se recordó los materiales que tenemos disponibles en el canal de YouTube, como los seminarios sobre transdisciplina y el curso de posgrado sobre transiciones productivas sostenibles que se repetirá en el primer semestre de 2026. Además, continuamos trabajando en la plataforma Tatú, donde estamos disponibilizando y visualizando los datos que utilizamos y obtenemos, así como la información que estamos generando, entre otros recursos del sector.
Estas acciones son parte de un esfuerzo continuo por ampliar la base de conocimiento y el abordaje multidisciplinar necesario para impulsar transiciones sostenibles en el sistema productivo de Uruguay y la región.
La ronda de preguntas y respuestas del seminario sobre paisajes multifuncionales en agroecosistemas extensivos abordó los mayores desafíos para la implementación de de rediseño de paisajes productivos:
Escalabilidad del monitoreo
Para superar el alto costo y la necesidad de expertos en campo y simplificar la medición y el reporte de biodiversidad, se está impulsando el uso de la bioacústica y sensores acústicos baratos, acoplados a plataformas de reporte.
Tenencia de la tierra y plazos de Inversión
El hecho de que el retorno de la inversión pueda tardar hasta cuatro años, como en el caso de los polinizadores, representa una limitación para la agricultura en campos alquilados a corto plazo. Es necesario fomentar alquileres de mayor plazo que incorporen dimensiones de sustentabilidad en sus contratos. Además, como los intereses entre productores y propietarios no siempre están alineados, se requiere una aproximación social heterogénea.
Receptividad de los productores
La receptividad es muy heterogénea. Varía desde grandes empresas que buscan mostrar dimensiones de sostenibilidad hasta pequeños productores motivados por legados familiares. A nivel técnico-ambiental, el tamaño de los campos más grandes facilita la influencia y el rediseño.


